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mi vida y su paleta de colores

Uno de mis primeros recuerdos se sitúa en la sala de cinco del nivel inicial de la Escuela Mayor Carlos Krause. Había llegado la hora de dibujar, como de costumbre la maestra nos acercó varios recipientes con colores entre ellos mi preferido: un tarro gigante de ceritas o crayones, como quieran llamarlos. Éramos muchas nenas y había una sola cerita rosa a la cual me aferré ni bien la ví, con miedo de romperla y si, gané. Todavía me acuerdo como se sentía la cerita en mi mano, como poder. Pero en realidad, era una cerita que estaba bastante destruida. Por aquellas épocas mi color preferido era el rosado y se mantuvo así hasta más o menos el año en que mis papás se separaron. Tenía 12 años y me acuerdo perfectamente la sensación del color rosado en aquella época: vergüenza. Todo lo que fuí en mi infancia, todo lo que amaba, se sentía destruido y el color solo evocaba recuerdos dolorosos. Mi papá, que ahora estaba en una batalla contra mi mamá, mis hermanos y yo, tenía una chomba rosada estilo Lacoste, pasó casi todos sus 20s en los ochenta así que supongo que no es tan raro que tuviera algunas prendas bizarras, aunque también creo que era parte de su personalidad medio artística y desorganizada.

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Mis primeros colores preferidos

El piso de mi casa siempre fue rojo y en un punto a mis papás se les ocurrió pintar la pared del pasillo de rojo para que no se ensuciara tanto ya que el blanco era difícil de mantener. Aunque en mi adolescencia usaba la pared de fondo para sacarme fotos para facebook, en retrospectiva pienso que fue mala idea porque el rojo es un color que se suele asociar subconscientemente con violencia, casi sin saberlo pintaron el futuro de nuestro hogar.

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Los colores de mi casa

En cualquier caso, los años siguientes fueron oscuros, mis gustos en colores reflejaron justamente eso, tonos oscuros y siempre que podía me vestía de negro. Fue más o menos en esta época que descubrí mi amor por el labial rojo, que todavía persiste.

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Los colores de mi adolescencia

Cuando me mudé a Buenos Aires a los 17 años seguí usando colores por un tiempo pero a medida que me iba adentrando en los 20 mi guardarropa se fue volviendo negro, al punto de que ya casi ni me molestaba en comprarme ropa de otros colores porque igual sabía que iba a terminar usando solo la ropa negra. Lo curioso es que aunque predominara en mi vestimenta no predominaba en mi casa, cuando me tenía que comprar algún utensilio elegía tonos pastel, verdes, naranjas y violetas, algunas veces elegía alguna cosa roja, pero raramente.

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Los colores de mis primeros "utensilios"

Cuando me mudé con mi novio sus colores eran negro y rojo, todo en su casa era negro o rojo, algunas cosas eran blancas o grises. Aunque amaba su casa odiaba su paleta de colores y eso me sorprendió porque me gustaban bastante el rojo y el negro pero me sentía incómoda, casi como si no estuviera a salvo ahí o no pudiera descansar. También tenía preferencia por las cosas a rayas, que en si no me disgustan pero que en la casa me volvían un poco loca. Me sentía como en territorio desconocido, la cafetera era negra, las cortinas eran negras, el acolchado era negro, hasta la guitarra era negra. Un día me llevó a su casa donde creció, los tonos eran muy lindos, grises, azules y cuando me muestra su habitación: paredes negras. Es cómico y no me disgustaba pero siento que, como dije, no son colores que me invitan a descansar.

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Los colores de la casa de mi novio

Algunos años después en mi propia casa me compré un acolchado violeta, unas cortinas naranjas, un secaplatos lila pastel y mi mejor amiga me regaló un mat de yoga color naranja. Aunque me gustaban esos colores, especialmente el naranja, sentía una incomodidad con ese color en las cortinas y por mucho que odiara mi departamento, odiaba más esas cortinas. Parece que mi gata se terminó dando cuenta porque las destruyó. Terminé comprando unas cortinas blancas que me gustaron más aunque siempre las tenía atadas para que la bendición no se colgara de ellas.

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Los colores de mi primer departamento

Curiosamente también me compré unas sábanas fucsia oscuro cuya tela no me gustaba, que nunca las dejaba a la vista, cuando podía las tapaba con el acolchado violeta. Más o menos por esta época ya había llegado el furor del beige y el blanco, todo era blanco, sillones, mesas, paredes, sillas…me acuerdo que muchos decían “siento que es más estético así” o “se siente más pulcro y ordenado”, yo sentía que me habían encerrado en una habitación de un loquero porque todo era demasiado blanco, demasiado pulcro, demasiado perfecto. Por estas épocas sentía un rechazo extremo por la obsesión de que todo fuera impecable, sentía la sensación de que en cualquier momento podía explotar y destruir todo. A veces fantaseaba con ver lugares impecables destruirse, que les caía una bomba y toda esa falsa fachada de pulcritud quedaba en el pasado. Supongo que esta estética representaba para mí la ola superficial que me abalanzaba todos los días porque estaba rodeada de personas que se desvivían por mantener una apariencia cuando por dentro no había nada o peor que nada, habían cosas horribles y oscuras. Y lo peor de todo: yo era parte, yo también tenía muebles blancos, yo también era superficial, yo también mantenía toda esa fachada, a veces en contra de mi voluntad, pero lo hacía y eso me hacía parte de algo que odiaba.

mi vida y su paleta de colores
La paleta de colores que más detesto

Un día fuí a la casa de un chico con el que salía, se había mudado hace poco así que era la primera vez que conocía su departamento nuevo, terminé perdiéndome en el pasillo de su edificio: todas las puertas de los departamentos eran iguales, cuando entré me encontré con que todo era blanco…no dije nada, solo observé, una costumbre mía. Empezamos a hablar, tomamos vino y aunque no me gustaba la nueva casa preferí quedarme callada hasta que en un momento me dice “a vos que te gusta el arte, te gusta el cuadro?” y me muestra un cuadro que estaba sin colgar, en ese momento mis filtros se apagaron ante la oportunidad pero quién puede juzgarme por mis palabras, era un lienzo BEIGE con pinceladas arriba y adivinen cual era la paleta de colores? ninguna, solo blanco, un cuadro totalmente blanco. Obviamente me burlé del cuadro aunque no me acuerdo que dije exactamente y creo que en algún punto después le dije algo así como “me gustaba más tu otro departamento, tenía aura”. No me enorgullezco pero tampoco me arrepiento de haber dicho lo que pensaba. Creo que mi desdén por el beige y el blanco surgieron en esta época porque sentía que representaban un ideal imposible de perfección, pulcritud al cual no me parecía ni me parece que se pueda llegar en esta vida, en consecuencia todo intento de conseguirlo es una fachada y por lo tanto inauténtico, esconde lo oscuro, lo imperfecto, cosas que a mi parecer nos hacen humanos.

Desde que me mudé siento que hice las paces con varias partes de mi y una de esas es el color rosa, actualmente estoy, nuevamente, en mi etapa rosa. Es gracioso ver como una persona en los últimos años de sus 20 se amiga con todo lo que intentó enterrar en su adolescencia pero también es divertido ver dos de mis mundos chocar: soy una mujer adulta con lapiceras con luz de Cinnamoroll y Melody (personajes de Hello Kitty). Cosas rosas que compré en los últimos años: Journal para escribir, una cortina de baño rosa con lunares blancos, frazada de polar, zapatillas, vaso térmico, escobilla de baño, auriculares, remera y la lista sigue, todo es rosa ahora de nuevo, el rosa que amaba en mi infancia, el rosa de la ropa de mis barbies, de casi toda mi ropa en mi infancia, de los primeros labiales que le robé a mi mamá, del reloj de barbie donde aprendí a leer la hora, de mi mochila de la escuela y de esa cerita por la cual me peleaba. Aunque todavía odio con pasión las casas blancas o beige y aunque muchas personas usan lo estético como un arma para disfrazar sus intenciones oscuras, creo que no hay nada de superficial en mi sentido de la estética, incluso si no puedo explicar alguna de mis elecciones, sé que ninguna es aleatoria, todas reflejan algo, un recuerdo, un lugar, una persona, una forma de ser.

mi vida y su paleta de colores
Los colores de mi casa actual

La última paleta de colores es la de este sitio web y refleja no la dicotomía, sino más bien, las múltiples facetas de quien soy, quien fuí y quien seré. Hice la primera parte del sitio con una paleta de colores que refleja quien soy, no puede faltar el negro y el verde representa mi obsesión más actual con sus distintos tonos.

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La paleta de colores de alegna.com.ar

La parte comercial del sitio, donde vendo mis stickers es básicamente mi zona de juegos y elegí una paleta de colores no solo para que fuera fácil distinguir dónde están los productos sino también para reflejar lo que siento con este proyecto, más relajación, más diversión, menos perfección y más cosas que se sientan como abrir mi cartuchera nueva el primer día de clases. En contraposición el lado comercial es también, estéticamente, mi lado más personal, porque hay mucha creatividad en cada producto que vendo y porque claramente no, no me da igual. El rosa no podía faltar, el fondo celeste para darle esa sensación de entrar a una página de juegos flash de los 2000 y los detalles en rojo porque si, somos adultos aunque tengamos alma de niños.

mi vida y su paleta de colores
La paleta de colores de la sección comercial de alegna.com.ar

Podría seguir con este tema por mucho más pero prefiero dejarles la que a mi parecer va a ser mi paleta de colores del año que viene y de paso también dejarles el supuesto color del 2026 según pantone, que es básicamente un tono de blanco lo cual si, adivinaron, me enfurece.

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Los colores que pienso que van a ser los siguientes
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El pantone de 2026

Los leo (o los sagitario? jaja), felices fiestas para todos y un próspero (pero no se vistan de blanco) año nuevo

Alegna